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1951– 22 de Agosto – 2008
Conmemoramos
un nuevo aniversario de la trascendental decisión de la compañera Eva Perón,
con la que reafirmó su consagración a la sagrada causa de la Patria y a la
gesta libertadora del General Juan Domingo Perón, líder indiscutido de la
Revolución Nacional todavía inconclusa.
Que su ejemplo
de renunciar a los honores de los cargos PARA CONTINUAR LA LUCHA Y EL
TRABAJO POR LA LIBERACIÓN DE NUESTRA AMADA NACIÓN ARGENTINA nos ilumine
y nos guíe en este momento histórico, y que su mantenga encendido en
nuestros corazones el amor a nuestro pueblo y el fuego ardoroso de la
Justicia social, para forjar nuestra felicidad y para ser artífices de
nuestro propio destino nacional, sin ningún tipo de ataduras ni
condicionamientos externos.
Renunciamiento
de Eva Perón
22 de
agosto de 1951
En la Asamblea Popular realizada en la avenida 9 de Julio, que se
constituyó en Cabildo Abierto del Justicialismo, Eva renunció ante el pueblo
a la candidatura a la vicepresidencia de la Nación.
Excelentísimo
señor presidente; mis queridos descamisados de la Patria:
Es para mí una gran emoción encontrarme otra vez con los descamisados como
el 17 de octubre y como en todas las fechas en que el pueblo estuvo
presente. Hoy, mi general, en este Cabildo del Justicialismo,
el pueblo, que en 1810 se reunió para
preguntar de qué se trataba, se reúne para decir que
quiere que el general Perón siga dirigiendo los
destinos de la Patria. Es el pueblo, son las mujeres, los niños,
los ancianos, los trabajadores, que están presentes porque han tomado el
porvenir en sus manos, y saben que la justicia
y la libertad únicamente la encontrarán teniendo al general Perón al frente
de la nave de la Nación.
Mi general: son vuestras gloriosas vanguardias descamisadas las que están
presentes hoy, como lo estuvieron ayer y estarán siempre, dispuestas a dar
la vida por Perón. Ellos saben bien que antes de la llegada del general
Perón vivían en la esclavitud y por sobre todas las cosas, habían perdido
las esperanzas en un futuro mejor. Saben que fue el general Perón quien los
dignificó social, moral y espiritualmente. Saben también que la oligarquía,
que los mediocres, que los vendepatria todavía no están derrotados, y que
desde sus guaridas atentan contra el pueblo y contra la nacionalidad. Pero
nuestra oligarquía, que siempre se vendió por cuatro monedas, no cuenta en
esta época con que el pueblo está de pie, y que
el pueblo argentino está formado por hombres y
mujeres dignos capaces de morir y terminar de una vez por todas con los
vendepatrias y con los entreguistas.
Ellos no perdonarán jamás que el general Perón haya levantado el nivel de
los trabajadores, que haya creado el Justicialismo, que haya establecido que
en nuestra Patria la única dignidad es la de los que trabajan. Ellos no
perdonarán jamás al general Perón por haber levantado todo lo que
desprecian: los trabajadores, que ellos olvidaron; los niños y los ancianos
y las mujeres, que ellos relegaron a un segundo plano.
Ellos, que mantuvieron al país en una noche eterna, no perdonarán jamás al
general Perón por haber levantado las tres banderas que debieron haber
levantado ellos hace un siglo: la justicia social, la independencia
económica y la soberanía de la Patria.
Pero hoy el pueblo es soberano no sólo cívicamente sino también moral y
espiritualmente. Mi general: estamos dispuestos, los del pueblo, su
vanguardia descamisada, a terminar de una buena vez con la intriga, con la
calumnia, con la difamación y con los mercaderes que venden al pueblo y al
país. El pueblo quiere a Perón no sólo por las conquistas materiales –este
pueblo, mi general, jamás ha pensado en eso, sino que piensa en el país, en
la grandeza material, espiritual y moral de la Patria-, porque este pueblo
argentino tiene un corazón grande y piensa en los valores por sobre los
valores materiales. Por ello, mi general, hoy esta aquí, cruzando caminos,
acortando kilómetros con miles de sacrificios, para decirnos “presente”, en
este Cabildo del Justicialismo.
Es la Patria la que se ha dado cita al llamado de los compañeros de la
Confederación General del Trabajo, para decirle al Líder que detrás de él
hay un pueblo, y que siga, como hasta ahora, luchando contra la antipatria,
contra los políticos venales y contra los imperialismos de izquierda y de
derecha.
Yo, que siempre tuve en el general Perón a mi maestro y mi amigo –pues él
siempre me dio el ejemplo de su lealtad acrisolada hacia los trabajadores-,
en todos estos años de mi vida he dedicado las noches y los días a atender a
los humildes de la Patria sin reparar en los días ni en las noches, ni en
los sacrificios.
Mientras tanto ellos, los entreguistas, los mediocres, los cobardes, de
noche tramaban la intriga y la infamia del día siguiente, yo, una humilde
mujer, no pensaba sino en los dolores que tenía que mitigar y en la gente a
que tenía que consolar en nombre vuestro, mi general, porque se el cariño
entrañable que sentís por los descamisados y porque llevo en mi corazón una
deuda de gratitud para con los descamisados que el 17 de octubre de 1945 me
devolvieron la vida, la luz, el alma y el corazón al devolverme a Perón.
Yo no soy más que una mujer del pueblo argentino, una descamisada de la
Patria, pero una descamisada de corazón,
porque siempre he querido confundirme con los trabajadores, con los
ancianos, con los niños, con los que sufren, trabajando codo a codo, corazón
a corazón con ellos para lograr que lo quieran
más a Perón y para ser un puente
de paz entre el general Perón y los descamisados de la Patria.
Mi general: aquí en este magnífico espectáculo vuelve a darse el milagro de
hace dos mil años. No fueron los sabios, ni los ricos, ni los poderosos los
que creyeron; fueron los humildes. Ricos y poderosos han de tener el alma
cerrada por la avaricia y el egoísmo; en cambio, los humildes, como viven y
duermen al aire libre, tienen las ventanas del alma siempre expuestas a las
cosas extraordinarias. Mi general: son los descamisados que os ven a vos con
los ojos del alma y por eso os comprenden, os siguen; y por eso, no quieren
más que a un hombre, no quieren a otro: Perón o
nadie.
Yo aprovecho esta oportunidad para pedir a Dios que ilumine a los mediocres
para que puedan ver a Perón y para que puedan comprenderlo, y para que las
futuras generaciones no nos tengan que marcar con el dedo de la
desesperación si llegaran a comprobar que hubo argentinos tan mal nacidos
que a un hombre como el general Perón, que ha quemado su vida para lograr el
camino de la grandeza y la felicidad de la Patria, lo combatieron aliándose
con intereses foráneos.
No me interesó jamás la insidia ni la calumnia cuando ellos desataron sus
lenguas contra una débil mujer argentina. Al contrario, me alegre
íntimamente, porque yo, mi general, quise que mi pecho fuera escudo para que
los ataques, en lugar de ir a vos, llegaran a mí. Pero nunca me dejé
engañar. Los que me atacan a mí no es por mí, mi general, es por vos. Es que
son tan traidores, tan cobardes que no quieren decir que no lo quieren a
Perón. No es a Eva Perón a quien atacan: es a Perón.
A ellos les duele que Eva Perón se haya dedicado al pueblo argentino; a
ellos les duele que Eva Perón, en lugar de dedicarse a fiestas oligárquicas,
haya dedicado las horas, las noches y los días a mitigar dolores y restañar
heridas.
Mi general: aquí está el pueblo y yo aprovecho esta oportunidad para
agradecer a todos los humildes, a todos los trabajadores, a todas las
mujeres, niños y hombres de la Patria, que en su corazón reconocido han
levantado el nombre de una mujer, de una humilde mujer que los ama
entrañablemente y que no le importa quemar su vida si con ello lleva un poco
de felicidad a algún hogar de su Patria. Yo
siempre haré lo que diga el pueblo, pero yo les digo a los
compañeros trabajadores que así como hace cinco años dije que prefería ser
Evita antes de ser la esposa del presidente, si ese Evita era dicho para
calmar un dolor en algún hogar de mi Patria, hoy digo que prefiero ser
Evita, porque siendo Evita sé que siempre me llevarán muy dentro de su
corazón. ¡Qué gloria, qué honor, a qué más
puede aspirar un ciudadano o una ciudadana que al amor del pueblo argentino!
Yo me siento extraordinariamente emocionada. Mi humilde persona no merece el
cariño entrañable de todos los trabajadores de la Patria. Sobre mis débiles
espaldas de mujer argentina ustedes cargan una enorme responsabilidad. Yo no
sé cómo pagar el cariño y la confianza que el pueblo deposita en mí.
Lo pago con amor, queriéndolo a Perón y
queriéndolos a ustedes, que es como querer a la Patria misma.
Compañeros: Yo quiero que todos ustedes, los del interior, los del Gran
Buenos Aires, los de la Capital, en fin, los de los cuatro puntos cardinales
de la Patria, les digan a los descamisados que
todo lo que soy, que todo lo que tengo, que todo lo que hago, que
todo lo que haré, que todo lo que lo que pienso, que
todo lo que poseo no me pertenece:
es de Perón, porque él me lo dio todo,
porque él, al descender hasta una humilde mujer de la Patria, la elevó hacia
las alturas y la puso en el corazón del pueblo argentino.
Mi general: si alguna satisfacción podría haber tenido es la de haber
interpretado vuestros sueños de patriota, vuestras inquietudes y la de haber
trabajado humilde pero tenazmente para restañar las heridas de los humildes
de la Patria, para cristalizar esperanzas y para mitigar dolores, de acuerdo
con vuestros deseos y con vuestros mandatos.
Yo no he hecho nada; todo es Perón. Perón es la Patria, Perón es todo,
y todos nosotros estamos a distancia sideral del Líder de la nacionalidad.
Yo, mi general, con la plenipotencia espiritual que me dan los descamisados
de la Patria, os proclamo, antes que el pueblo os vote el 11 noviembre,
presidente de todos los argentinos. La Patria
está salvada, porque está en manos del general Perón.
A ustedes, descamisados de mi Patria, y a todos los que me escuchan, los
estrecho simbólicamente muy, pero muy fuerte, sobre mi corazón”.

Renace la Patria
Otra Nación es posible
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