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«[…] para nosotros –y con mucha justicia y gran
certeza- Perón es el rostro de Dios en la oscuridad, sobre todo en la
oscuridad de este momento que atraviesa la humanidad.
Perón no sólo es esperanza para los argentinos. Perón ya no nos
pertenece; Perón es bandera para todos los pueblos con sed de justicia,
con sed de reivindicaciones y con sed de igualdad »
Eva Perón, Historia del Peronismo, Clase nº 2. |
Muy lejos de ser una simple asonada militar o un
simple golpe de Estado, el pronunciamiento militar del 4 de junio de 1943
significa históricamente el inicio o el germen del proceso político, social,
económico, cultural y religioso que irrumpió definitivamente el 17 de
octubre de 1945 y que ha dividido en dos la historia de nuestra Patria, en
un antes y un después. En otras palabras: si el peronismo constituye, en
palabras de Eva Perón, “el cristianismo hecho política”, el 9 de junio de
1943 bien puede parangonarse con la natividad o encarnación de lo que
después se configuró e instituyó como una doctrina profundamente humanista y
profundamente cristiana, que tiene como objetivo final de su accionar la
dignificación de los humildes de nuestra Patria y la redención y liberación
de la Nación.
El Grupo Obra de Unificación (G.O.U.) que impulsó el proceso revolucionario
tenía como objetivo de su organización “unir espiritualmente a todos los
jefes y oficiales del Ejército”, para cohesionar a sus cuadros y lograr así
“la unidad de acción, base de todo esfuerzo colectivo racional”.
De ninguna manera el G.O.U. era una logia, ni una secta, ni menos una
cofradía secreta. Más bien fue un movimiento de unificación de ideas y de
sentimientos, basado en la “renuncia a los bienes materiales y a las
ambiciones personales”, “la grandeza de la Patria y del Ejército” como
inspiración permanente, “el sacrificio como ambición y la verdad
como lema”, la “renuncia a la vida cómoda”, y la exaltación de “la
acción y la lucha como fuentes de eterna vivificación de todo lo humano y lo
divino”. En otras palabras, fue un movimiento nacido del idealismo y
nutrido con el renunciamiento. En definitiva, se trataba de la
conformación de una fuerza colectiva de aglutinación espiritual y de
unificación de los soldados de la Patria, con la finalidad última de
sostener y fortalecer la grandeza y la dignidad de la Patria.
Como se puede apreciar, animado de estos valores morales y
espirituales, el movimiento revolucionario de 1943 no constituyó un
golpe militar de palacio y una invasión de las esferas gubernamentales, sino
el comienzo de la obra reparadora y dignificadora del pueblo y de la Nación
Argentina. Por eso su proclama declara la defensa de los sagrados
intereses de la Patria, la abnegación, la unidad y unión de los
argentinos, el sostenimiento de las instituciones y las leyes, la
soberanía real e integral de la Nación, el bien y la prosperidad
de la Patria como principio inspirador de la actuación pública.
En este sentido, el 4 de junio de 1943 constituye la gestación y el
nacimiento de la gesta restauradora de la soberanía nacional y popular que
tendrá su expresión señera y culminante en la gesta popular del 17 de
octubre de 1945.
En estos momentos difíciles y dramáticos de nuestra historia, luego de más
de tres décadas de deterioro y decadencia política, económica, cultural y
espiritual que nos ha puesto al borde de la disolución nacional, rendir
homenaje al 4 de junio de 1943 significa en realidad recuperar y recrear el
espíritu patriótico, humanista, popular y cristiano que hizo de la Nación
Argentina un ejemplo para el mundo. Significa recuperar el sentido
trascendente y dignificador de una auténtica gesta revolucionaria, que hoy
los argentinos de bien estamos llamados a actualizar y continuar, como
fuente y sostén del Acuerdo Patriótico para la Unidad Nacional
que el compañero Eduardo A. Duhalde promueve para el rescate de
nuestra Patria. En definitiva, significa volver a encarar el espíritu
revolucionario del Coronel Perón y de sus compañeros de armas y hacernos
cargo del destino y la felicidad de nuestros compatriotas y hermanos,
teniendo siempre presente en cada momento de nuestra vida que nuestro
objetivo último no es ganar elecciones ni buscar soluciones para los
dirigentes, sino vivir al servicio de una causa que es la razón de nuestra
existencia.
PERÓN VIVE!!
la PATRIA RENACE!!
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