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CENTRO CULTURAL ARGENTINO
«JOSÉ GERVASIO de ARTIGAS»
Fundamentos:
Frente al proceso universalista en el que hoy
está inmersa nuestra Patria, se torna necesario restaurar y consolidar
nuestra cultura nacional, lo único que nos permitirá preservar nuestra
identidad y nuestra propia identificación argentina y afrontar los desafíos
históricos planteados por el universalismo ya institucionalizado. Esta
preservación no pretende aislarnos del mundo y de la mencionada
universalización, sino forjar un encuentro creativo y fecundo de nuestros
valores y creencias con el patrimonio cultural-espiritual del conjunto de la
humanidad. En este sentido,
a) por un lado, se nos impone ser fieles a
nuestra herencia histórica, en cuanto síntesis de las raíces europeas y de los
diferentes grupos étnicos-indígenas autóctonos. Esta fidelidad exige evitar caer
en dos extremos peligrosos: la dependencia servil de la influencia europea o el
chauvinismo ingenuo que elimine «por decreto» lo europeo.
b) por otro lado, la fidelidad a nuestra
herencia histórica y cultural exige consolidar una auténtica cultura
nacional, firme y proyectada al porvenir. Esta cultura, emanada de la
historia irreductible y específica de nuestra Patria y concretada en los
valores, creencias, símbolos y significados elaborados por el Pueblo, constituye
la fuente nutricia del alma y espíritu de cada uno de nosotros y el
tejido y malla que hará posible la unidad férrea de nuestra comunidad social y
política, en tanto ensamble las diversas instancias en las que vivimos y nos
desempeñamos. En sus aspectos humanísticos y artísticos, la restauración y
consolidación de nuestra cultura hará posible la cohesión y madurez del Pueblo y
de cada uno de los individuos que lo integran.
Pero afianzar nuestra cultura popular y
nacional no significa precipitarnos en un folklorismo chabacano, sino lograr una
integración creativa de los valores «superiores» con los principios más
auténticos y profundos de la vertiente creativa del sentir popular.
1. El colonialismo cultural ha
constituido el arma de dominación política por excelencia, más que la militar y
la económica, al difundir en el seno de nuestra comunidad criterios y valores
que han exaltado lo placentero-efímero y su repetición insustancial, con lo cual
han anulado en los argentinos la capacidad creativa, para convertirnos en
hombres-niños que nunca satisfacen en forma plena sus apetencias. Mediante este
colonialismo infantilizador, hemos perdido paulatinamente nuestra autonomía
espiritual y nuestra creatividad, para convertirnos en consumidores pasivos de
valores triviales y verdades aparentes. La recurrencia a fuentes extrañas al ser
nacional ha sido aportada por lo que se puede denominar la «sinarquía cultural»,
la ha consolidado la decadencia cultural y la postración espiritual de nuestro
pueblo, ya que en lo esencial es extranjerizante y sólo ha podido ofrecer una
visión materialista del hombre, el debilitamiento de la vida espiritual, la
mentalidad tecnocrática como patrón excluyente de cultura, la opacidad creciente
del Arte y la Filosofía, y la distorsión o aniquilación de los valores
trascendentes. ¿Cuáles son las expresiones de esta sinarquía cultural
extranjerizante a la que queremos contrarrestar mediante este Centro? El
liberalismo individualista, desintegrador de la vida comunitaria; la
dictadura del relativismo, expresión totalitaria del progresismo
internacionalista burgués, que todo lo tolera menos la Verdad; el
espiritualismo desencarnado, desarraigado de la vida y etéreamente difuso;
la mitomanía de la estirpe elegida, sectarismo que desprecia la
diversidad cultural de la gran familia humana; la religiosidad sin proyección
cultural, ajena a la vivencia y expresiones cotidianas del pueblo.
2. Frente a la agresión cultural sufrida para
hacer posible nuestra postración actual, se impone
a) rescatar el carácter humanístico de la
cultura, para alcanzar nuestra dignificación plena, personal,
popular y nacional. La finalidad de toda auténtica cultura es posibilitar que el
hombre, en su individualidad, desarrolle en plenitud y en forma fecunda y
creativa todas sus potencialidades, basadas en los valores y principios
permanentes que dignifican al ser humano como tal. Para ello, cada uno de los
que habitan nuestro noble suelo debe ser auténtico, creativo y responsable, es
decir, debe vivir una existencia impregnada de un espíritu noble que logre
integrarse armónicamente con la realidad, para justificar y dar sentido a la
vida. La cultura es la que lo que hace posible que el hombre se arraigue en la
realidad y cree vínculos de encuentro y comunión fecundos con la realidad
circundante: con las cosas, con sus semejantes y con lo Absoluto trascendente.
b) forjar un profundo nacionalismo
cultural, ya que la cultura no es un ámbito meramente individual y privado,
sino que en su sentido más profundo es popular y nacional o no es nada. Pero
para que la cultura sea nacional y permanente en el tiempo debe nutrirse de la
creatividad del alma y del espíritu del Pueblo, para que éste lo reconozca como
constitutiva de su ser y enraizada en la estructura íntima de su extensa patria
grávida de futuro. Para que nuestra cultura nacional pueda ser recreada,
fortalecida y afianzada, y para que pueda tener su fisonomía peculiar
permanente, debemos tomar lo mejor del mundo del espíritu, del mundo de las
ideas y del mundo de los sentidos, para anexarlo a lo que nos es propio y
autóctono.
3. Como expresión concreta de nuestro quehacer
cultural, ponemos el Centro bajo la advocación del General José Gervasio de
Artigas, como ejemplo y modelo del combate integral al que estamos llamados a
librar para forjar la liberación de toda forma de esclavitud y servilismo, y
hacer posible nuestra felicidad común y nuestra grandeza como Nación. Animado de
una profunda e inquebrantable fe religiosa que manifestó a lo largo de toda su
vida, Artigas no sólo combatió con las armas a todos los que pretendían mantener
sojuzgados a los pueblos del Virreinato, sino que también dignificó cultural y
materialmente a los paisanos y a los indígenas nativos de nuestras tierras.
Sufrió por ello el odio de la oligarquía vernácula cipaya, sumisa al
colonialismo inglés, pero se ganó el amor y el cariño de los pueblos de la
provincia Oriental y de nuestro litoral mediterráneo. Si bien se vio obligado a
refugiarse en el territorio paraguayo a causa de la política entreguista
porteña, su espíritu permaneció inquebrantable e indoblegable hasta el fin de
sus días, al servicio de los indígenas paraguayos que lo hospedaron, impidiendo
con su sola presencia y ejemplo la invasión lusitana sobre los pueblos de las
Provincias del Plata.
Ponerle a nuestro Centro el nombre del
inmortal «Protector de los Pueblos libres» no es solamente un homenaje, sino
además y también el compromiso de seguir su ejemplo, en el ámbito de la cultura,
para librar el combate espiritual imprescindible para alcanzar la liberación
integral de nuestra Patria, cimentada sobre los valores imperecederos y supremos
que ennoblecen y dignifican a todos los que quieren y desean hacer frente a los
desafíos que el destino histórico nos depara, forjando la felicidad propia y la
ajena y constituyendo así una auténtica comunidad organizada, en la que cada uno
de sus miembros aporta lo mejor de sí, no sólo su presencia muda y temerosa.
Este combate espiritual y cultural exige fundamentalmente amar y servir al
Pueblo, enfrentando a los que pretenden hacernos vivir de rodillas en afrentoso
cautiverio, guiados por las consignas que supo acuñar Artigas en medio de los
combates por la libertad: «nuestra historia es la de los héroes», «la energía es
el recurso de las almas grandes», «nada hay más sagrado que la voluntad de los
pueblos», «sólo se vea entre nosotros una sola grande familia de hermanos». Que
desde la inmortalidad don José Gervasio de Artigas nos siga recordando que «por
más que los enemigos se multipliquen, eso sólo servirá para aumentar nuestra
gloria», frente a lo cual sólo nos queda cumplir con nuestro deber, nuestro
destino y nuestra ambición de forjar una auténtica cultural nacional abierta
al mundo, como herramienta espiritual que nos permita perseverar hasta el
fin en el esfuerzo común e integral de labrar la felicidad de nuestro pueblo y
la grandeza de nuestra bendita patria Argentina.
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